jueves, 21 de enero de 2016

LA CAPILLA PAULINA. MIGUEL ÁNGEL



























Aún sin terminar el Juicio Universal de la Capilla Sixtina, el Papa Paulo III le encargará a Miguel Ángel la que será su última obra pictórica, la llamada capilla Paulina.
La labor (interrumpida por sus continuos achaques) se extenderá entre 1542 y 1550.
Este testamento pictórico va mucho más allá de la maniera del Juicio, y es, según muchos autores, todo un intento de solución (fracasado) ante la Contrarreforma.
Como habla Freedberg, estos frescos se desarrollan "en un mundo rígido e inescapable, árido y desesperanzado (...) una atmósfera de trágica fatalidad (...) con personajes autómatas carentes de voluntad"
Esto es un paso más allá del manierismo que se iniciara en el Tondo Doni, pues hasta la propia belleza (por muy convulsionada o malherida por la Maniera) ha desaparecido; incluso el poderío físico que siempre había sido el ideal miguelangelesco se desmorona y los músculos se deforman y distorsionan, perdiendo todo el vigor.
¿Por qué?



 Tomados de wikipedia
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Forcellino en su magnífico libro 1545, los últimos días del Renacimiento, nos plantea una sugestiva hipótesis, y vincula esta obra (y otras de la misma época como los dibujos de la Crucifixión o la Piedad) con los acontecimientos contemporáneos (El Concilio de Trento) y el círculo de Vittoria Colonna que ya analizamos en este post.
La decadencia física, unida a la progresiva pérdida de confianza tanto en el mundo como en el ideal neoplatónico de su primera parte de la vida, le hacen a Miguel Ángel espiritualizarse cada vez más.
Es un proceso en donde la fe (la famosa justificación por la fe luterana, a la que se encuentra tan cercano el círculo de Vittoria Colonna) queda al desnudo, y los hombres son puras marionetas sin ellas (el rayo que incide en San Pablo no puede ser más revelador), espectros mecánicos, puras fantasmagorías que resbalan en los brazos, como sus últimas piedades



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