domingo, 17 de febrero de 2013

Por La Bretaña Francesa (Agosto 2.008). Primera parte



El recorrido por esta hermosa y personalísima región francesa se puede iniciar de muchas formas distintas, elegimos una en función de los días disponibles y no nos arrepentimos; siempre falta tiempo para abarcar todo lo que se planifica en un principio, pero queda para una segunda vez. La Bretaña está llena de contrastes y de paisajes excepcionales que nos recuerdan al nuestra querida Galicia.
Las ciudades y pueblos de Bretaña se clasifican según su patrimonio y belleza en Ciudades de Arte y de Historia o Pequeñas Ciudades de Carácter Peculiar, y este criterio nos inspiró el itinerario.
Es importante destacar, que desplazarse, comer y alojarse por Bretaña es algo fácil y no demasiado caro para la economía media de un español, la gente es educada, amable y lo pone fácil.
Iniciamos el recorrido en coche desde Madrid por San Sebastián, Burdeos, Bretaña.                                                                                                                                                     

Segundo día:                                                                                                                                             
Salida de Burdeos después de un buen desayuno y parada en NANTES,  primera ciudad del recorrido, capital histórica de la región, ciudad importante, elegante y tranquila, se puede visitar el barrio de Bouffay, donde se encuentran su catedral gótica de S. Pedro y S. Pablo, a pocos pasos el impresionante castillo de los duques de Bretaña y su museo, barrio de Sainte-Croix, etc.

Con la sensación que nos acompañará todo el viaje, de que siempre dejas algo por ver y que el lugar merece más tiempo, salimos hacia nuestro próximo destino, la ciudad de CHATEAUBRIANT, pequeña, encantadora como tantas, limpia y floreada, calificativos constantes en el recorrido, que en algunos lugares se hace asombroso y casi excesivo, destaca sobre todo el castillo, fortaleza medieval… a unos pocos kilómetros, (las distancias ya serán más cortas), una pequeña y grata sorpresa, el pequeño pueblo La Guerche de Bretagne, con iglesia gótica y una plaza pequeña con casas de entramado y pintadas sus paredes con diferentes colores, tipo de viviendas que nos asombrarán a lo largo de todo el recorrido, hay que destacar que todo está muy cuidado, los edificios religiosos, castillos… casi siempre abiertos y los siempre socorridos y buscados toilettes públicos “limpios” y siempre a mano. 
El camino sigue hacia VITRÈ, con la intención de hacer noche, en este caso  un acierto poder visitar esta pintoresca ciudad de noche, pasear solitarios por su barrio medieval y casi trasladarte a otro tiempo.

Tercer día:                                                                                                                                              
VITRÈ, ciudad de aspecto medieval, sus calles gremiales de comerciantes con casas entramadas, su magnífico castillo y la iglesia gótica de Notre Dame. 

Continuación hacia RENNES, centro político y capital de la región, sede universitaria, con un trazado urbano reticular, plazas señoriales, elegantes casas, visitamos catedral,  la plaza des Lices, plaza de S. Michel o de la sed, Place de la Mairie… y a continuación antes de aproximarnos a Le Mont Saint Michel, en el camino quedaba la ciudad de FOUGÈRES, ciudad fortaleza medieval, ofrece un circuito monumental, sugerido en la oficina de turismo, (recomiendo visitarlas nada más llegar a las ciudades, ofrecen buena información y bastante en español), partiendo del teatro Bourg-Neuf, iglesia mayor, atalaya, hermosas vistas del castillo y los jardines, bajada y visita al castillo y subida al punto de inicio, este recorrido nocturno debe ser muy interesante. Con pocas horas de luz  buscar alojamiento es una aventura cada día, siempre con soluciones, las llamadas en Francia, Gîtes  (chambres et tables d´Hôtes), se localizan en las carreteras secundarias, es fácil encontrarlas, incluso los propietarios te buscan la de un conocido, hablamos de habitación de dos camas con suculento desayuno bretón por un precio entre cuarenta y sesenta euros, a veces en el campo,  toda una experiencia y si hablas francés podéis imaginar.

Aprovechando la puesta de sol y la fuga de los miles de visitantes nos acercamos a  LE MONTSAINT MICHEL, la joya de la zona,  suele sobrepasar las expectativas, cuidando donde pones el coche por la subida de la marea, el espectáculo está ante ti, una visión imborrable, que se oscurece y empieza a iluminarse progresivamente en una escenografía nocturna de la mejor película, acercarse, entrar, recorrer sus empinadas y comerciales calles es toda una experiencia.
                                                                                                                                                         
Cuarto día:
Muy temprano, es mi consejo, menos mal que así lo hicimos, nos acercamos a ese gran bloque de piedra sobre el mar, a la mítica abadía, en dos horas realizamos el recorrido, visitando todas las dependencias, con mucha gente pero evitando lo que venía más tarde, la imagen de día es diferente, todo sometido a las bruscas mareas, lo que le confiere un aspecto desigual, sorprendente y muy atractivo, las fotos se multiplican desde que te acercas, recorres y te alejas.

Recorrimos la bahía y pasamos por DOL DE BRETAGNE, con breve parada para visitar su magnífica iglesia gótica, sus calles antiguas con casas entramadas, recorrer la costa por Concale, la punta de Grouin, con acantilados, pequeñas islas, faros y muy al fondo Mont S. Michel, el recorrido continua dirección a SAINT MALO, ciudad turística de la costa esmeralda, tierra de corsarios, merece la pena recorrer su ciudadela antigua, reconstruida después de la segunda guerra mundial,  sus gruesas murallas, puertas y vistas de sus magníficas playas, lugar de referencia del romántico vizconde de Chateaubriand. Continuamos el itinerario costero dirección  a DINAN, antes encontramos alojamiento en otra oferta alternativa, casas-apartamentos restaurados pulcramente en piedra y pizarra, dentro del recinto del camping Beausejour en St. Sanson.              


Juan Aranda Espinosa

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