martes, 24 de septiembre de 2013

CUANDO COMENZÓ EL RENACIMIENTO (2) LA CÚPULA DE SANTA MARÍA DE LAS FLORES. BRUNELLESCHI


En esta miniserie de tres post intentaremos analizar tres obras fundamentales que, realizadas en los albores del Renacimiento, nos van a dar las claves del nuevo estilo del Quattrocento (San Jorge de Donatello, Adán y Eva de la Capilla Brancacci de Masaccio y esta cúpula)
Los tres pertenecen a tres “amigos” que colaborarán entre sí, fascinados por el arte de la antigüedad.

La más antigua representación pictórica de la cúpula. Finales XVI

Cuando Arnolfo di Cambio comenzó la renovación de Santa Reparata para convertirla en el Duomo de Florencia, creó un modelo de gótico mediterráneo de enorme amplitud. De gran diafanidad y medidas clásicas tenía, sin embargo, un grave problema: su transepto (octogonal y con grandes machones) era gigantesco y no existía, en aquel momento, una tecnología suficiente para cubrirlo. 
Durante más de un siglo quedó por tanto sin concluir hasta que la propia ciudad de Florencia convocó un concurso público.

Dos participantes llegaron hasta el final: Brunelleschi y Ghiberti (autor de las Puertas del Paraíso). 
El primero tenía una especial formación matemática (posiblemente recogida de Toscanelli, mentor suyo) a la que añadía un conocimiento de la antigüedad romana (es evidente la influencia del Panteón de Agripa, así como la técnica en espina de pez con la que se colocan los ladrillos interiores, heredada también de Roma).
Ladrillo en espina de pez

Su solución fue tan fácil como genial. Sobre el tambor octogonal gótico, Brunelleschi planteó la construcción de dos cúpulas: al interior semiesférica que tiene sus empujes hacia el exterior, y al exterior apuntada, que empuja en sentido inverso. Las dos cúpulas, unidas entre sí, estabilizaban las tensiones.

 Aquí puedes ver las dos bóvedas en su zona más baja
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Y aquí en su parte superior, a punto de unirse en la linterna
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Para reforzar toda la estructura, el arquitecto generó unos gigantescos nervios que se unían en una linterna superior, que tenían una doble misión: tectónica (reforzar la estructura al concentrarlas como un nudo en la linterna) y estética (crear una sensación ascendente a la vez que enseña al propio espectador las diferencias entre lo sustentante, en blanco, de lo sostenido).

Aletón que recoge los nervios para unirlos en la linterna superior

Nervio

La realización de la obra fue todo un prodigio técnico que obligó a Brunelleschi a ir imaginando soluciones a los distintos problemas. La cúpula se fue levantando por medio de anillos de andamios que se iban cerrando según se ascendía y del que aún podemos ver nosotros los anclajes en si interior. Se prescindían así de las tradicionales cimbras y la construcción se iba sujetando sobre sí misma en una suerte de anillos concéntricos.

Fíjate en los agujeros que aparecen entre los frescos. Son los lugares desde los que se apoyaban las cimbras concéntricas

Tuvo, además, que renovar todo tipo de herramientas para la descomunal empresa, y crear dormitorios y cantinas en los propios andamios para que los operarios no tuvieran que subir y bajar todos los días.

Con esta obra, el triunfo de la razón renacentista se hacía palpable. La matemática, la emulación de la Antigüedad, el poder casi magnético de la geometría abrían una nueva época de optimismo y logros humanos que convertían a Florencia en la nueva Roma (o Atenas), dominada visualmente por la cúpula desde todos sus rincones.

Se necesitará casi un siglo para que la obra sea continuada y reformulada al mismo nivel de excelencia, y será Miguel Ángel el que lo consiga en su famosa cúpula de San Pedro del Vaticano


Para saber más

2 comentarios:

  1. Siempre te he considerado una persona del Renacimiento. Interesante artículo.

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  2. Muchas gracias por el comentario y por el que lo escribe

    ResponderEliminar

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