viernes, 13 de abril de 2012

ANÁLISIS Y COMENTARIO DE LA ESTATUA ECUESTRE DE FELIPE IV. PIETRO TACCA


Tema. Estatua ecuestre del rey Felipe IV en corveta de claros fines propagandísticos. El rey viste traje militar, portando en una de sus manos la vara de mando. Se nos representa, por tanto, al modo de jefe de los ejércitos.
Se trata de una escultura de bulto redondo pensada para su colocación sobre un pedestal y al aire libre, con la fachada del Palacio del Buen Retiro como fondo. De esta manera su visión se realizaría desde un punto más bajo (dándole mayor grandeza) y en relación con una arquitectura de carácter escurialense sobre la que destacaría en el fondo rojizo de los ladrillos.
El material es bronce, siendo su técnica la fundición. Carece de postizos.
La composición es claramente dinámica, generada por una fuerte diagonal que genera el caballo en escorzo. Junto a ella, la figura del rey crea una vertical que estabiliza un tanto la escultura. En conjunto las figuras construyen un aspa al crearse una diagonal contraria entre las patas adelantadas del caballo y el tronco-cabeza del rey.
Aunque puede ser libremente girada, la escultura se realiza con un punto de vista preferente, el frontal que aporta mayor dinamismo al conjunto, avanzando sobre el fondo arquitectónico.
El modelado es profundo, intentando aprovechar la luz natural a la que estaría expuesto, sin un pulimentado excesivo, como es bastante normal dentro de la escultura en bronce.
Se trata de una escultura monócroma.
Las figuras se contraponen en movimiento, generando una tensión típicamente barroca entre el dinamismo del caballo (que se refuerza con los paños flotantes de la vestidura del rey, frente a la figura mucho más envarada y rígida del monarca, de carácter hierático y pose poco natural).


En ambas figuras se busca la proporción, recurriendo a cánones correctos y el detalle, tanto en los paños como en la anatomía del caballo en la cual se trabaja minuciosamente sus crines, interesándose incluso por detalles tan mínimos como sus venas del lomo o la cabeza.


Hay un fuerte (y delicado) interés por las distintas texturas conseguidas a través de los distintos acabados, que potencian aún más el naturalismo de todo el conjunto.

COMENTARIO
El dinamismo, el fuerte naturalismo y el tema (propagandístico) son, indudablemente barrocos. Por otra parte, y aún siendo un monarca español, su propia representación ecuestre así como el material utilizado no son de tradición hispana, siendo realizados por un autor y taller italiano, el de Pietro Tacca, en el siglo XVII (Florencia).
La singularidad de la escultura, como ya se ha dicho, la distingue de la típica imaginería española que trabajaba con la madera tallada y policromada, casi por completo inclinada al tema religioso, lo cual obligó a encargarla a un taller italiano (al igual que la otra gran estatua ecuestre de Felipe III, actualmente en la Plaza Mayor), siguiendo una tradición que ya se había iniciado el siglo anterior con los encargos de Carlos V y Felipe II a la familia Leoni (esculturas del Escorial, Carlos V y el Furor). Por ello, se encuentra más cercana de la tradición clasicista, muy evidente, entre otras cosas, en el modelo ecuestre que, derivando del Marco Aurelio romano, tanto se utilizó en el Renacimiento (Donatello, Verrocchio) pasando al barroco (Constantino de Bernini). También fue ampliamente utilizada la tipología en la pintura con ejemplos en España de Tiziano (Carlos V), Rubens o Velázquez, siendo estos últimos ya en corveta para así propiciar el dinamismo.




El monarca se nos muestra como militar como es habitual en el barroco, explicitando una de las fuentes de su poder (el ejército), a la que se une su carácter casi divino tan típico de la monarquía absoluta que, en España, se muestra a través de una etiqueta sumamente compleja en dondeel rey se movía con mesura, sin expresar sentimientos (de aquí su forma de plasmarlo, ya analizada anteriormente).
Con todo ello la escultura insiste en el carácter propagandístico tan habitual del barroco que se potencia a través del movimiento y la tensión que elaboró Bernini en sus temas tanto religiosos (Santa Teresa) como políticos (retratos de Luis XIV), dramatizando la escena al colocarla en posturas inestables y movimientos tensos que se subrayan, también, con la aparición de los paños flotantes o las composiciones en aspa. La expresividad de los personajes que intentar comunicar sus sentimientos interiores (retrato psicológico), y debido a lo ya explicado, sólo puede utilizarse en el caballo, sumamente expresivo. (Herencia también de Bernini es el trabajo realista en detalles y texturas).


La escultura se encontraba situada en el patio de la Reina del Palacio del Retiro, construcción del siglo XVII destinada a los espectáculos festivos (corridas de toros, teatro, bailes, recepciones oficiales...) que servían como propaganda de la monarquía, celebrando al monarca como la cabeza de la misma que actuaba igual que podría hacerlo Velázquez en sus retratos para el Salón de Reinos (en el mismo palacio).


El autor de la obra, Pietro Tacca, evolucionará desde un primer manierismo a la expresión típicamente barroca en sus últimas obras, influido en este cambio por Bernini, tal y como puede advertirse si se compara esta escultura con la de Felipe III, aún manierista en cánones, menos naturalista y de movimiento más contenido, buscando más la elegancia que la intensidad.



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