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lunes, 13 de febrero de 2017

PIETRO DA CORTONA Y LA CÚPULA BARROCA


Pocos arquitectos barrocos consiguieron realizar tan espectaculares cúpulas como Pietro da Cortona.
En todas ellas (y en mayor medida según avance el tiempo) siempre existirá la sombra (deseada) de Miguel Ángel y su cúpula del Vaticano.
La primera de ellas, la menos tectónica y más decorativa, sería la que corona Santi Martina e Luca en donde el tambor (ya de por sí elevado con sus frontones sobre-elevados)  se prolonga visualmente gracias a los fantasiosos aletones que forman una máscara escultórica sobre las ventanas.

Frente a ella la realizada para San Andrea della Valle (realizada oficialmente por Maderna pero en la que pudo intervenir de alguna manera Pietro da Cortona) es una verdadera transposición de la de Miguel Ángel.

Por último, la realizada para San Carlo al Corso (totalmente autógrafa) volvemos a encontrar a Miguel Ángel pero transformado y mucho más plástico, con un juego de columnas adosadas y pilastras (diferenciadas cromáticamente)  muchísimo más refinado que en las dos obras anteriores.

De la misma manera vuelven a aparecer óculos relacionados con las volutas de San Martino aunque mucho menos escultóricos y más arquitectónicos y ya plenamente integrados entre los nervios.

Por último, su fantasiosa linterna de poderosas volutas, termina de forma bulbosa, siendo uno de los orígenes de esta forma que triunfará en el XVIII (nosotros la hemos visto ya en Ribera).

Basta compararla con su obra primeriza (Santi Martina e Luca) para entender cómo evolucionó su arquitectura



sábado, 22 de abril de 2017

ANNA LO BIANCO. Pietro da Cortona e la grande decorazione barocca



Pietro da Cortona. Cúpula de la Chiesa Nuova

Siempre que visito Italia termino con un fajo de estos cuadernillos de arte de la editorial Giunti de los más diversos artistas italianos.
Formato revista, con una cincuenta páginas, tienen una excelente calidad/precio tanto por sus magníficas y numerosas fotografías como sus textos, accesibles a mi italiano y, además, bastantes rigurosos.
                                                    
En este en concreto se analiza la obra pictórica de Pietro da Cortona, colocándola en un amplio contexto que repasa los principales artífices de este magnífica pintura ilusionista que llenó palacios e iglesias de milagros y apoteosis



domingo, 28 de febrero de 2016

PIETRO DA CORTONA PINTOR


Aunque cada vez sea más reconocido como arquitecto, Pietro da Cortona siempre se sintió pintor, y su obra revolucionó la pintura barroca decorativa, abriendo una fecunda línea en donde beberán Pozzo, Gaulli, Giordano...
Su carrera se inicia gracias al mecenazgo de  Marcello Sacchetti, que le contagió su amor hacia la Antigüedad (siempre presente en su obra) y le permitió entrar en el exclusivo círculo de los Barberini.
Retrato de Marcello Sacchetti. Cortona

Sus primeras obras se encuentran mediatizadas por su mecenas, intentando reinventar el género mitológico según las novedades establecida por los Carracci y su naturalismo idealizado.

Triunfo de Baco
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Rapto de las Sabinas

Junto a esta influencia, Pietro da Cortona siempre se sintió interesado por el color sugestivo de los venecianos (que nunca conoció in situ) y del que muy probablemente tuvo noticia a través de las obras que Rubens realizó a principios de siglo XVII en la Chiesa Nuova. Gracias a él conseguirá dar una nueva vida y sensualidad a sus composiciones, apartándose de la grandilocuencia un tanto acartonada de los manieristas para crear composiciones de fuerte emocionalidad, cercana al milagro (ya fuera laico como religioso).
Rubens. Chiesa Nuova. Roma

La segunda influencia será la obra de Lanfranco (discípulo de los Carracci) y su reinterpretación de las grandes obras de Correggio (cúpula de Sant' Andrea della Valle) que avanzó la pintura ilusionista, eliminando los cuadri riportati de su maestro Carracci en el Palazzo Farnese.

Lanfranco. Cúpula de Sant' Andrea

Ambas sugestiones serán básicas para sus primeras obras, como Santa Bibiana o el techo del Palacio Barberini que le conduciría a la fama con el Triunfo de los Barberini (ya lo explicamos aquí).

Sus mecenas le permitieron desplazarse a Florencia para pintar la Sala de la Estufa del Palacio Pitti, en donde sosegaría su estilo a la vez que iba aclarando progresivamente su paleta.

Los sucesivos cambios de papado le hicieron abandonar a los Barberini (caídos en desgracia tras la muerte de Urbano VIII) y trabajar para Inocencio X (frescos en su palacio de la piazza Navonna) y más tarde Alejandro VII, de la familia Chigi.

Triunfo de Eneas. Palacio Pamphili in piazza Navonna

Durante el periodo de León X fue tentado por el propio Velázquez para trasladarse a España, negándose a ello pues ya había contratado lo que sería la gran obra de su vida: los trabajos en la Chiesa Nuova (ante ello, Velázquez contrataría a Colonna y Vitelli que renovarían el género de la pintura ilusionista en España)
En la Chiesa Nuova (en la que ya había trabajado para el techo de su sacristía anteriormente) realizó el ábside, la cúpula y el techo de la nave central.

Techo nave central Chiesa Nuova
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Ábside

En este momento su estilo ha llegado a un periodo de total madurez, y junto a los tradicionales efectos ilusionistas de la perspectiva de sotto in sú (que, sin embargo, huyen de los excesos de virtuoso del palacio Barberini), encontramos amplias aperturas de un cielo azul radiante, una paleta clara y unas composiciones mucho menos abigarradas que permiten una visión amplia y luminosa de sus efectos (en la propia cúpula vuelve a los modelos de Lanfranco con círculos concéntricos, haciendo un claro homenaje a Rubens en su corona de ángeles centrales)

Cúpula de la Chiesa Nuova

Junto a su pintura ilusionista también cultivó las grandes palas de altar, como la que realizara para San Carlo ai Catinari o la inacabada de San Ivo.
San Carlo Borromeo en procesión. San Carlo Caitinari

Tras su muerte dejó un amplio taller (Ciro Ferri) pero también influiría indirectamente en otros grandes autores posteriores como Pozzo o Luca Giordano o una verdadera escuela de autores de segundo orden denominados cortoneschi (Gherardi, Brandi...)




Luca Giordano. Gallería Ricardi. Florencia



martes, 16 de junio de 2020

PIETRO DA CORTONA Y LA DECORACIÓN DEL PALACIO PITTI. FLORENCIA


En 1637, Pietro da Cortona acompañará al cardenal Giulio Sacchetti a Bolonia. El viaje le servirá, a su paso por Florencia, para conseguir un sustancioso contrato para decorar los techos del palacio Pitti, encargados por el granducca Fernando II de Medicis que irá realizando en los siguientes años y serán terminadas por su discípulos Cirro Ferri.

En esta obra de grandes dimensiones jugará con dos posibilidades.

Mientras en la sala de la Venere la pintura se envuelve en un espectacular juego de estucos dorados que recortan los espacios, en otras tenderá al modelo practicado en el palacio Barberini de quadrattura estricta, jugando hasta el mismo límite de sus posibilidades con los efectos de perspectiva de sotto in sú.


Su paleta se vuelve, además, más clara y dorada, mientras que las composiciones abren mucho más el cielo entre los grupos, permitiendo una visión más calmada de las mismas, con una lectura parcial de cada una de las escenas


























martes, 7 de febrero de 2017

PIETRO DA CORTONA. LA FACHADA DE SANTA MARÍA IN VIA LATTA


Igual que ya sucedía en Santa María della Pace, Pietro da Cortona demostró en esta obra su enorme capacidad para crear artefactos arquitectónicos que se imponen con fuerza al entramado urbano. 
Fachadas telón que muy pronto se independizaron de los dos modos predominantes (Borromini y Bernini), creando un estilo sumamente personal.
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En ellas se huía del aparato decorativo, dejando a la arquitectura (y en especial a las columnas, verdaderamente monumentales) una función expresiva que se veía reforzada por su uso de la luz.
Estos juegos lumínicos se conseguían por medio de la creación de profundos vanos en donde se adensa la oscuridad frente a la luz cruda del travertino de las arquitecturas.

Este juego de contrarios, unido a su monumentalidad, consigue efectos sumamente intensos y monumentales, con un esquema tripartito (lleno, vacío, lleno) de fuerte verticalidad que se subraya aún más por la línea central, más ancha y rematada por el motivo serliano

Hacia el interior, se resuelve de una forma que, una vez más, nos trae los recuerdos de Bramante con su bóveda central flanqueada por dos bóvedas de horno con casetones (al modo de Santa María delle Grazie).