martes, 24 de diciembre de 2013

LA ADORACIÓN DE LOS PASTORES. GHIRLANDAIO


Qué mejor día que el de hoy para comenzar a conocer a Ghirlandaio en una de sus obras maestras: la pala de altar de la adoración de los pastores de la Capilla Sassetti de Santa Trinitá en Florencia.
Incluida en un gran ciclo de frescos (que estudiaremos en otro post) fue mecenada por  Francesco Sassetti, delegado y socio del banco Medicci, que aparece junto a su mujer, Nera Corsi, en la tradicional forma de donantes (como ya veíamos en Masaccio en Santa María Novella), arrodillados en el fresco posterior (integrando de esta forma el cuadro dentro del complejo organismo de la capilla)

En la pala encontramos el camino que estaba iniciando la segunda mitad del Quattrocento que dulcifica las maneras anteriores (compárese con la Capilla Brancacci de Masaccio o la Virgen de Piero della Francesca) a la vez que se recoge la influencia del otro gran renacimiento, el flamenco, a través del famoso tríptico Portinari de Hugo van der Goes.
La influencia de esta pintura (el primer gran testimonio flamenco en las tierras de Italia central) es visible en la posición del Niño (recostado en un cojín, en el suelo) como la madurez de los pastores (antes habitualmente con rostros adolescentes), el realismo de las figuras secundarias  o la apertura de la perspectiva con la minuciosa descripción de la ciudad (Roma entendida como Nuevo Jerusalén).
Junto a estas influencias, Ghirlandaio dulcifica los rostros aunque aún manteniendo un realismo y fuerte volumetría que le alejan de sus contemporáneos (Filippo Lippi o Botticelli) y le entronca con sus precedentes de la primera mitad (Es habitual en el autor esta maniera propia que busca el equilibrio entre lo antiguo y las nuevas modas más estilizadas y llenas de grazzia).
De la misma manera huye del diseño curvilíneo típico de Botticelli o la extrema idealización de Lippi, mientras se acerca a Mantegna en su gusto por la arqueología que invade la escena con dos poderosos motivos: las pilastras y el gran sarcófago.

Resulta especialmente relevante (a afectos iconográficos) éste último, abierto y con una guirnalda, símbolo de la resurrección y, además, recordatorio de que esta capilla también es funeraria.
La escena une varios significados además del ya citado. Es la típica adoración de los pastores (en los que aparece, de nuevo retratados, los comitentes o el propio pintor que señala con el dedo) mientras que el gesto de San José que se gira y mira hacia la izquierda nos enseña la comitiva de los magos que tanto predicamento tuvo en la Florencia renacentista (Gozzolli en el Palazzo Medici).

Entre ambos acontecimientos narrativos se encuentra otro, que será habitual en esta segunda mitad del XV: la adoración de María hacia el Niño, entendido como la Eucaristía, siguiendo las ideas marcadas por las visiones de Santa Brígida y de San Antonio Pierozzi que aseguraba que el cristiano devoto debe identificarse con la Virgen, cultivando en sí también un jardín en el alma en cuyo seno Cristo nacerá.

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