miércoles, 26 de noviembre de 2014

SAN PEDRO DE LA NAVE


Quizás sea el mejor ejemplo de arquitectura visigoda, sumamente compleja y aún no explicada convenientemente.


Su planta juega con los modelos centralizados (planta de cruz griega como la de Melque o Santa Comba de Bande) a la que se añaden tres naves (marcando un claro eje longitudinal (como ocurría en San Juan de Baños o Quintanilla de las Viñas). Una triple nave que, en la cabecera, se convierte en habitaciones semicerradas (pero comunicadas visualmente) con el altar, que se han interpretado tanto como prótesis y diaconicon de tradición paleocristiana como ergastulae (pequeñas celdas monásticas), como las que aparecían ya en Quintanilla y que nos podrían hablar de un monasterio nunca documentado por las fuentes.



Esta complejidad en planta la volvemos a encontrar en alzado, en donde la arquitectura se comporta como una agrupación de formas geométricas básicas que culminan en su crucero y que en el interior generan pequeños espacios independientes que se aproximan a la arquitectura bizantina de la Segunda Edad de Oro (una intimidad de los espacios interiores que hay que descubrir lentamente, muchos de ellos desarrollados en altura, como será habitual en la futura arquitectura mozárabe).

Las cubiertas, reconstruidas tras su traslado por la creación de una presa, son aún motivo de polémica.

La iglesia también posee las representaciones en relieve más interesantes del periodo, con temas derivados de lo paleocristiano como El Sacrificio de Isaac o Daniel en el Foso de los leones.

La imposibilidad de realizar fotos en su interior (verdaderamente asombrosa en toda la zona zamorana) nos impide analizarlas con mayor detalle.

Para subsanar la falta os dejamos esta magnífica presentación


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