En la Italia trecentista se desarrollaron dos grandes corrientes que, a la postre, condicionarían la evolución del Quattrocento.
La otra, la sienesa, será iniciada por Duccio y completada con Simone Martini para luego servir de base al gótico internacional y a toda la tendencia más conservadora del Quattrocento (Fra Angelico, Lippi, Ghirlandaio e incluso Botticelli)
El tema, tan habitual en Italia y herencia de las vírgenes bizantinas hodigitrias, nos representa a la Virgen entronizada señalando a su Hijo como único camino de salvación, siendo rodeadas estas figuras por una multitud de ángeles. Del mismo origen bizantino es el fondo de pan dorado extraído de los iconos
Típicos de esta escuela son su escasa preocupación por lo perspectivo y volumétrico (frente al interés que por ello demostraría Cimabue), así como la poca atención concedida a la expresión del sentimiento dramático.
Para Duccio era mucho más importante las relaciones cromáticas (fijaros en la exquisitez de las alas de los ángeles) y la expresión de la dulzura en gestos y posiciones, fuertemente influida por la forma de religiosidad franciscana.
Su influencia será fundamental para el arte de Simone Martini, continuador de la escuela sienesa y creador del gótico internacional
Duccio. Cristo y la Samaritana
Su influencia será fundamental para el arte de Simone Martini, continuador de la escuela sienesa y creador del gótico internacional
San Pedro. Simone Martini

















































