jueves, 20 de noviembre de 2014

BUJARA. Mausoleo de Ismail Samani.

Con la llegada de los abasíes a la dignidad califal, la cultura y el arte islámico inician un progresivo despegue del mundo clásico (siempre tan presente en el mundo Omeya, heredado de las culturas y tradiciones de Siria) y una progresiva asiatización, retornando su mirada a las culturas persas y sasánidas.
En el aspecto artístico esto se plasma en la predilección del ladrillo (tan mesopotámico) por la piedra, los grandes abovedamientos, una ruptura del espacio en pequeñas celdas, los arcos apuntados...
Este imperio abasí se fue disgregando de forma muy temprana, y desde el oriente poco a poco otros pueblos (aún con la obediencia nominal al califa) se vuelven cada vez más independientes.
Entre ellos se encuentran los samanidas o samaníes, tribus de cultura zoroástrica que se islamizan y lentamente van tomando poder en la zona oriental de Irán. Su gran expansión se produjo con Nars y su hermano menor Ismail al que se dedica este mausoleo.
Será Ismail el que conquiste Bujara y la convierta en la capital de esta dinastía, con tal grado de autonomía frente a Bagdad que ni siquiera le hará llegar los impuestos.
El arco apuntado fue muy temprano en Oriente

Esta edificación (finales del IX, principios del X) es un perfecto ejemplo de la asiatización de la arquitectura en la zona del Islam oriental.

En sus estructuras básicas sigue modelos preislámicos, como la cúpula, a menudo utilizada en los templos del fuego zoroástricos de época sasánida (pero también los kioskos persas que retoma el arte iraní, George Marcais) que se apoyaban en cuatro pilares reconvertidos en esquinas en el mausoleo.
Destaca especialmente cómo se utiliza el material típico de la zona, el ya citado ladrillo, para crear toda una dinámica decoración.
Para ello se utilizan en esquina, rotados 45º, circulares, de placas recortadas, de canto y frente (con su propio relieve), creando una multiplicidad de formas, relieves y juegos de luz que (según Talbot Rice) se inspirarían en la cestería y cambiarían a lo largo del paso del día.



Unos formas y ritmos que a cualquier observador español le traerán de forma irremisible las formas mudéjares hispanas
A propósito de esto, Aragón Andalusí mantiene la existencia de un arte islámico en tiempos taifas en la Marca Superior (arte Zagrí) que tomará (gracias al las vías comerciales) numerosos elementos iranís en su arquitectura que más tarde serían la base para el mudéjar aragonés.
.

Si nos fijamos en su interior, la estructura cuadrangular se convierte en circular a través de unas curiosas trompas generadas por dos arcos perpendiculares. 
Estas trompas angulares son el inicio de una multiplicación de trompas (red de trompas las denomina Concepción Porras)  que se colocan (en una primera hilada) entre las ventanas, marcando su rehundimiento por medio de una columnilla adosada, y (en una segunda) sobre ellas, apenas como una pequeña cornisa en ángulo, cada vez menos destacadas y multiplicándose por dos según ascendemos, convirtiendo así el cuadrado de la planta en un polígono de dieciséis lados sobre el que apoya la cúpula
Las trompas podrían asimilarse, de forma figurativa, a la cabeza de una cobra, que bien pudiera ser una iconografía regia

Esta cúpula, un tanto rebajada, se realiza por medio de la técnica de aproximación de hiladas.



En su centro se alza sin decoración alguna el sarcófago con una última sorpresa, un arco parabólico que sirve para generar su cubierta


Fotografías propias y de BERTHOLD VOLBERG
.
.
.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada