viernes, 30 de marzo de 2012

RAZONES PARA DEJARSE FASCINAR POR TÀPIES (5). Huellas y recuerdos



A algunos les podrá sorprender, pero la obra de Tàpies está colmada de realidad. De realidad, no de realismo; de realidad, no de imitación de la misma.
Y aunque siempre eludido (al menos en época madura) el ser humano, su huella está siempre presente. En sus muros más primitivos, en sus obras más orientales a partir de los 70, en sus últimas obras vemos siempre aparecer el concepto de huella como una forma de demostrar lo que antes estuvo allí, de decir sin contar que hubo una mano que las trazó, de hablar sin retórica ni narrativa del paso del tiempo: 
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El movimiento es sustituido por las huellas del envejecimiento, las cuales hacen patentes el pasado en el presente, el cambio dentro de lo duradero" (Catoir, B Conversaciones con Tàpies, 1989)


Pues la huella es el recuerdo pero también una forma (oriental) de evocar la realidad sin dejarse deslumbrar por sus efectos más superficiales. Una forma de hablar de los accidentes purificándolos por medio de la evocación, de la mano humana que se encuentra tras la obra y que se aleja así de la abstracción más geométrica contra la siempre ha luchado

Cualquiera de sus grandes superficies está llena de presencia humana y de intensas sugestiones originadas por la diversidad de connotaciones que insinúan los signos (...) La materia que constituye estas superficies nos parece profundamente humanizada. (...) El dramatismo de esta materia penetrada por la huella del hombre, nos conduce a considerar toda la obra de Tàpies como una permanente reflexión sobre la condición humana (Francesc Vicens, 1986)

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