miércoles, 10 de octubre de 2012

LA VENUS DE BOTERO: Algo más que una gorda



En la plaza de Colón descansa ya desde hace años una curiosa Venus, obra del artista colombiano Botero.
Hasta los más legos en arte reconocerán enseguida su autoría, pues el artista se ha hecho famoso por sus personajes “gordos”.
Sin embargo, detrás de esta característica, básica en su producción, la obra de Botero va más allá.
Es en principio una salida figurativa frente a las tendencias abstractas y conceptuales que dominan la segunda mitad del XX. Unas formas que entroncan con el mundo naïf (aficionado) del que el Aduanero Rousseau fue el gran estandarte a principios del XX. Una fórmula que pretende dar una visión ingenua, alejada de la academia, del mundo que tanto valoraron autores como Picasso.

Es, además, toda una reflexión sobre nuestros cánones (o prejuicios) sobre la belleza, pues ante la delgadez y el gimnasio, Botero nos presenta (entre lo brutal y lo humorístico) otra forma de ser y estar.
Esto es aún más evidente en la serie de obras en las que se enfrenta a la Historia del Arte y nos recuerda que Rubens (pero tampoco Tiziano) entendieron la belleza como nosotros. Una vuelta al relativismo cultural típico de la posmodernidad


























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