domingo, 6 de mayo de 2012

PABELLÓN DE BARCELONA. MIES VAN DER ROHE.





Pabellón para la exposición universal de Barcelona de 1929.
            Planta. De carácter libre y basada en formas geométricas que se superponen. El predominio de la recta es total, desarrollándose en módulos rectangulares como si se tratara de una pintura neoplasticista.
            En toda la construcción no existen puertas, como tampoco espacios totalmente cerrados, lo cual invita al espectador a recorrer el edificio que se va desvelando, ofreciéndose distinto desde distintos puntos de vista. (Interposición de planos).
            Por otra parte, el autor intenta una integración entre el interior y el exterior, dejando poco definidas las fronteras entre ambas, pues desde cualquier punto de vista se tienen las dos perspectivas.







            Alzado. Los materiales utilizados mezclan lo tradicional (mármol verde y blanco)  con lo moderno (acero y cristal), creando una fuerte tensión entre lo moderno y lo clásico. El agua formará parte de estos materiales, creando finas láminas que reflejan la arquitectura.



            Los elementos sustentantes serán finas columnas cruciformes de acero que permiten liberar los muros y permitir la planta libre citada anteriormente.
            Todo el edificio tenderá a la horizontalidad.
            El vano deja de tener la función tradicional al incorporar grandes zonas acristaladas que difuminan las diferencias interior-exterior. En otras zonas, el espacio interno ni siquiera está separado del externo y sólo el gran techo marca una diferencia visual.





            La cubierta, muy simple es un techo plano que no coincide totalmente con la planta, creando espacios indeterminados entre lo interior y lo exterior.





            La decoración es inexistente. Tan sólo las propias cualidades de los materiales establecen diferencias de luminosidad, color y textura.

COMENTARIO.
            Como es típico en este autor, MIES VAN DER ROHE, el protagonista de la arquitectura es el espacio. Uno continuo (sin puertas) que va generando el propio espectador al recorrer la obra que se desvela como un laberinto a través de la interposición de planos. Este espacio, además es un superposición de zonas interiores y exteriores que multiplican los puntos de vista. (Este aspecto será seguido por Wright en sus Casas de la Pradera, aunque respetando claramente la diferencia interior exterior sólo rota por los grandes ventanales)





            El edificio, bajo estas condiciones, se realiza a través de sencillos planos geométricos que se complican al no respetar una distribución tradicional y se van intersecando, como un cuadro abstracto realizado en tres dimensiones (al igual que realizan los neoplasticistas, Casa Schröder), incitando a la exploración. Dichos planos nos traen a la memoria las grandes construcciones clásicas de racionalidad y belleza que Mies une a la modernidad a través del uso de los nuevos materiales y los efectos de sorpresa, tanto en el interior, como en sus relaciones interior-exterior.





            Con tan pocos elementos el arquitecto vuelve a demostrar su famosa frase lo menos es más., añadiéndole una mayor libertad a las frías propuestas del funcionalismo.


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