viernes, 18 de mayo de 2012

LA IGLESIA DE SANTIAGO EN CARRIÓN DELOS CONDES (2). EL PANTOCRATOR Y EL TETRAMORFOS

Dominando la parte central de la escena nos encontramos con el mejor pantocrator español e, incluso, europeo, tan sólo comparable, en pintura, con la pintura de San Clemente de Tahull

Su iconografía es la típica que ya hemos visto en otras ocasiones: 
Cristo-juez bendiciendo con la derecha y el libro en la izquierda, rodeado de mandorla (un tema apocalíptico que hizo una extraordinaria fortuna en el Románico, vinculado al Apocalipsis y toda la ideología del miedo del que ya hablamos)

En torno suyo se colocan los vivientes apocalípticos o tetramorfos: figuras de animales que representan a los cuatro evangelistas: Lucas (Toro), Juan (Águila), Marcos (León) y Mateo (Ángel).

Pero si la iconografía es típica no lo es la técnica con la que está esculpida.
Por una parte, y frente a otros ejemplos, su bulto es muchísimo mayor, lo que permite un alto relieve en todas las figuras con las posibilidades expresivas y estéticas que conlleva esto.


Por otra parte, hay un verdadero virtuosismo técnico visible en numerosos detalles como la anatomía de los animales, que llega a un grado de verismo desconocido hasta entonces, llegando incluso a hacerlos girar en escorzos casi imposibles para mirar al pantocrator.


Otro de los rasgos fascinantes del conjunto es el juego de sus paños que consigue efectos verdaderamente clásicos en sus pliegues carnosos. (No hay que olvidar la influencia clásica en el románico de esta zona. Como ya demostrara Yarza o Sureda, en la cercana Frómista, se utliizó un sarcófago romano - el de Husillo - como inspiración de alguno de sus capiteles).




No menos interesante es la gravedad y solemnidad del gesto del Cristo que se equilibra entre el naturalismo que anuncia una nueva época (el gótico) y el hieratismo majestuoso casi tardo romano (a mi juicio superior al de Constantino, que ya analizamos en este blog).


Como dice Yarza es una imagen "que ya no es románica pero tampoco gótica", una rara avis que entremezcla la potencia expresiva románica, el naturalismo protogótico y los recuerdos clásicos.
Este mismo autor lo ha puesto en relación con el taller (maduro) del maestro Mateo, con sus inconfundibles recuerdos florales en la maravillosa mandorla.


Para saber más

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