miércoles, 10 de abril de 2019

ÁNIMA MUNDI. LUIS. Terciopelo azul

DALE AL PLAY Y ATRÉVETE A VIVIR EN ESTA MÚSICA

Recuerdo hasta el cine; era el Roxy A, y a salida nos fuimos a tomar una leche de pantera al Chapandaz.

Recuerdo también a Isabella Rosellini cantando Terciopelo azul con tal intensidad que se podía notar el tacto suave sobre la piel y su azul eléctrico (¿o acaso era simplemente yo y mis sinestesias?)

Esta película es un saco de recuerdos que me persigue desde hace años, como la música de  Roy Orbison soñandoJulee Cruise cantando los misterios del amor, todo envuelto en un azul profundo que se movía por la película como un felino sin dueño. 

Con ella me enamoré del cine perverso de David Lynch en donde la vida muestra su existencia más terrible y enfermiza, envuelto con exquisitez en las imágenes más bellas y profundas. Pura ánima alemana
Todo un shock entre ética y estética que sentí por primera vez, al menos con una película, pues aquel versus inconcebible ya lo había conocido con varias canciones, aprendiendo que todo lo bello no tiene que ver con la bondad (¿habéis escuchado la letra de Every Breath You Take de The Police?)
Esa misma sensación tuve entonces, la del terrible arrepentimiento de sentirse fascinado por aquella abyecta historia de violencia y dominación. 
No pude resistirme por mucho que lo intentara, y asistí a la película con el corazón aprisionado en aquel conflicto de belleza y maldad al que muy pronto se unió otro más intenso que dio en el mismo centro de la Diana. 

Era la lucha eterna entre sexo y amor, dos conceptos que tan solo en algunas escasas ocasiones había conseguido unir con placidez en los brazos de Sabrina sin sentir el apremio nada más verla ni la sensación espesa (¿suciedad, pecado?, no tengo la palabra exacta) una vez terminado todo.
Quién sabe, tal vez era mi educación católica en pugna con las hormonas, una lucha entre la pura carne y mis lecturas idealistas, pero lo cierto es que con dieciocho años aquello ocupaba una parte de mis más secretos conflictos que sólo Martina, años después, logró sanar con su simple mirada de miel y almendras. Unos ojos enamorados en medio del incandescente forcejeo del sexo más intenso.

Con ella vi la película, sintiendo su tensión ante las escenas más intensas, demasiado explícitas para sus creencias.
- No eran necesarias. La película es suficientemente buena para no necesitarlas ,- me dijo mientras tomábamos la leche de pantera, cada uno desde nuestra pajita, y yo sentía la cercanía de su cuerpo que tenía tantas zonas prohibidas a mis manos.
Sentía eso y el brillo intenso de sus ojos negros, muchos más intensos que los de Rosellini, pero sin el más mínimo terciopelo azul en sus brillos, como un saxofón prohibido, el mismo que ella me enseñó a querer cuando me descubrió el soul y todo su imaginario sexual que nunca pasó de las palabras a los hechos.
Era así de paradójico: la que me guió por las músicas del deseo nunca quiso probarlas conmigo, y como ellas, esta película y su banda sonora quedó recluida a los sueños más oscuros del invierno, esperando una ocasión que sólo se produciría mucho después, una sola vez, pues los milagros siempre han de ser impares y solitarios, y a su fin se provocó una gigantesca tormenta en la que naufragamos después.




martes, 9 de abril de 2019

LA FARNESINA. CÁMARA NUPCIAL. SODOMA



























El Sodoma (Giovanni Antonio Bazzi) fue encargado por el banquero para la decoración de su cámara nupcial en donde pasaría su noche de bodas con la amante de toda la vida (Francesca Ordeaschi)




























Como ya explicamos aquí el Papá le había obligado a dar este paso por considerarlo escandaloso que el principal banquero del Vaticano viviera en concubinato.

























Para la decoración se eligió un tema perfecto que unía amor y poder: las historias de Alejandro, tanto en su boda con Roxane (tema extraído de Luciano y, al parecer, ideado ya por Rafael antes de su muerte), como en su clemencia perdonando a la esposa de Darío o en su poder domando a Bucéfalo























A excepción de esta última parte , muy retocada, el resto tiene el estilo característico del pintor nacido en Siena que tomo ideas tanto de Leonardo da Vinci (sfumato) como de Perugino tanto en sus formas corporales como en sus gestos y caras.



























Nos encontramos con la fase clásica del pintor, que en otras obras pasará al manierismo, con una especial atención por el espacio (que genera un trampantojo por medio de una balaustrada figurada que hace relacionarse de forma intenta con el espectador, desarrolándola después a través de otras arquitecturas fingidas) y por las figuras graves (pero sin perder exquisitez) y poderosas.

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lunes, 8 de abril de 2019

CUANDO PICASSO SE HABITÓ DE MATISSE


En 1954 moría Matisse, en 1955 Picasso compraba la Californie en Cannes. Fue allí en donde se produjo el milagro.
Picasso consideraba a Matisse como el mayor pintor vivo, tan sólo comparable a él. Por eso lo odiaba y amaba como a nadie en este mundo, y nada más morir le devoró como hacía con todos los grandes, pues esta era su forma de rendirle tributo.

Dos cosas ansiaba de Matisse que él nunca había tenido: el color y el poder de su arabesco.
El segundo nunca llegó a conseguirlo del todo. Era demasiado impulsivo, tenía demasiadas cosas que pintar para parar un instante y dejarse llevar por esa ondulación sin fin que Matisse conseguía dibujar el objeto más humilde, y en las pinturas de la Californie aún vemos su grafía tensa que sólo en algunos momentos de sus últimisimos años consiguió diluir cuando dibujaba besos y mosqueteros a golpes de color y no de línea.

Sí tomó su gusto por lo ornamental y sobre todo dejó salir al fin todo el color que llevaba dentro y que nunca había dejado manifestarse.

Emergieron todos de golpe, sin censura y azules, rojos y verdes llenaron su paleta que, hasta entonces había sido austera o chirriante, según sus necesidades. Ahora jugó con ellos con una alegría llena de música y contrapunto y retrató su taller como hacía Matisse, y vistió a Jacqueline de Turca o dejó que las ventanas se abrieran a un Mediterráneo radiante.



Y es que una vez muerto Matisse ya no había nadie más que él en la cima de la montaña, y ese mismo año empezó sus reinterpretaciones (Mujeres de Argel) que le acompañarían en su calidad de genio único. Delacroix, Manet, Rembrandt, Velázquez... y también Matisse, que ya nunca le abandonaría hasta llegar a su citada pintura de mosqueteros y fumadores, pura magia de color hecha línea.



domingo, 7 de abril de 2019

SAN FRANCISCO. PALMA DE MALLORCA


Perfecto ejemplo de arquitectura gótico mediterránea. 
Construido en los siglos XIII y XIV para los franciscanos consta de una iglesia de nace única con profundas capillas de arcos alancetados entre contrafuertes y bóveda de crucería (aunque inicialmente se trataba de una estructura en madera, como ya vimos en Santa Croce).


Resulta especialmente espléndida la cabecera poligonal.


El conjunto conserva el claustro de los siglos XIV y XV


























viernes, 5 de abril de 2019

SÁEZ DE OIZA. TORRES BLANCAS

























Este edificio de la segunda mitad de los 60 significó el triunfo definitivo de Sáez de Oiza como arquitecto que introdujo las novedades del nuevo organicismo en la capital española.

Frente a la idea tradicional del rascacielos como una gran caja de metal y vidrio en donde los pisos se apilan unos sobre otros para plantear una arquitectura con carácter y socialmente activa.
Para ella Oiza manejó dos grandes referentes de la arquitectura moderna: la Unidad de habitación de Le Corbusier y el organicismo de Wrhitg.
De la primera tomó la idea de edificio autosuficiente, con la zona de azotea con piscina y club social y jardines, creando incluso conductos verticales para montacargas y basuras.
Del segundo tomó su gusto por la curva (muy criticado en los interiores, imposibles de amueblar) y la asimetría. (Aquí se puede observar su planta, verdadero puzzle de volúmenes encajados)

Como diría el propio autor buscaba realizar un árbol que creciera orgánicamente desde el propio asfalto, eliminando los pilares para convertir a los muros en portantes por medio del hormigón (que en un principio se pensó recubrir de polvo blanco de mármol)
Con ello creó un edificio de enorme personalidad en el panorama madrileño.
























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jueves, 4 de abril de 2019

RICHARD LONG. CUADROS DE LODO DEL RÍO AVON


Richard Long siempre ha sido un artista de land art bastante particular, especialmente si los comparamos con sus colegas estadounidenses.
Para él la Naturaleza no es un espacio de trabajo, sino una oportunidad de reflexión, un lugar en donde hombre y Naturaleza puedan unirse, interactuar y, a largo plazo, (el hombre) desaparecer.
Pues su arte consiste en dejar huellas leves que pronto desaparecerán.
En este caso, el artista recoge un material poco estimado (el lodo) para reconvertirlo en arte, al utilizarlo como pigmento para sus cuadros.
En ello podríamos rastrear actitudes povera que se unen a un land art profundamente humano.

El artista se convierte en un medio no en la referencia fundamental y no utiliza como excusa al lodo, sino que le deja expresarse, dejándolo resbalar sobre los cuadros como haría en su medio natural, sin forzarlo, sin intentar expresar otra cosa que la propia naturaleza del material y sus estados naturales.
Pretende, entre oras cosas, hablarle al hombre urbano de otra realidad que puede ser bella por si misma, hacerle regresar (aunque sea un instante) a su niñez, cuando jugaba a hacer riachuelos en el parque y manipulaba el barro por el simple placer de hacerlo, para convertirse en él sin más intermediarios intelectuales.

miércoles, 3 de abril de 2019

ÁNIMA MUNDI . LUIS (De otros lados). Música para despertar los ángeles que llevamos dentro

COMO DIRÍA EL PROPIO LUIS, DALE AL PLAY Y DISPONTE A VER ÁNGELES


Hasta la propia experiencia religiosa tuvo que pasar por la música para Luis

Según nos contó alguna vez Alfonso debió ocurrir por primera vez en Roma, durante el viaje de estudios de Magisterio, escuchando un Mesías encontrado casi por casualidad en la iglesia San Ignacio.

- Dos o tres cosas así, y uno creería en Dios - le había dicho Alfonso.


Luis se había limitado a asentir, tal vez porque no podía responder, quizás porque tenía el pecho lleno de una espuma hasta entonces desconocida que, tal vez, le hizo llorar y sonreír por dentro durante toda la noche, invadido por la misma y extraña sensación que había tenido mientras los violines y el coro subían hacia el techo del Padre Pozzo, y las notas encantadas se enredaban como pompas de jabón en los trampantojos de la pintura para, sólo al final, cuando todo era apenas un recuerdo, perderse en su Gloria final, levantando más allá de los cielos a la figura de San Ignacio, ya cerca de la divinidad.

La cosa quedó ahí, dormida aunque no olvidada, y sólo volvió a despertar en el monasterio de Silos, una noche cualquiera, mientras escuchaba Completas y las voces del gregoriano volvieron a tomar forma precisa en la penumbra de cuerpo entero de la iglesia, borrando tiempos y espacios

Tal vez fuera entonces cuando sufriera un extraño desasimiento, un extrañamiento de sí, un verse por fuera y por dentro rodeado en el líquido espeso y caliente de la música modulada por aquellos hombres que nunca podía haber comprendido en sus renuncias hasta ese preciso momento en donde todo quedó claro y desarmado. Si podían cantar de aquella manera es porque conocían un secreto a que él le había estaba vedado hasta aquel instante en donde las voces se elevaban como pompas espesas sobre el coro y subían despacio hasta la oscuridad de la bóvedas para estallar en rosas maduras como luces en la nada.


Sin embargo, si algo fue definitivo para empezar a no comprender y comenzar así a sentir y creer, esto ocurrió un miércoles Santo, en Sevilla. 
Era su primera semana santa y Luis andaba fascinado por aquellas bandas que tocaban a sus vírgenes, haciéndolas llorar algunas veces, llevándolas en volandas de alegría en otras.
- Es un música para dar vida a un trozo de madera y telas - recuerdo que me había dicho.
- Psss, calla, como te oigan decir eso te van a matar - le dije riendo en aquel bar en donde cenábamos - Y empieza a comer más deprisa, que nos espera el momento más mágico del día
- ¿Me vas a privar del placer de degustar con calma esta carillá? - se quejó él.
- Te aseguro que no lo lamentarás. Jamás has visto algo parecido.
Y no sé si por la intriga o simplemente por complacerme, se metió entre pecho y espalda todas las tapas que habíamos pedido a una velocidad de vértigo, y culebreando a paso militar fuimos atravesando los callejones de la judería para llegar a la Plaza del Triunfo a buena hora para coger sitio.
- Le van a tocar una marcha llamada Madrugá, casi un poema sinfónico, que va subiendo y bajando en intensidad, recordando los pasos de silencio y de bulla que se suceden durante la noche del Jueves Santo - le expliqué mientras le empujaba suavemente para ponerle unos metros más allá de la curva.- Aquí justo, Luis.
pasaron después decenas de nazarenos y el paso de la Piedad a golpes de corneta y tambores mientras la plaza se iba llenando hasta los topes y un rumor de ansia iba apoderándose de la gente.
- ¿Queda m...?
- Pssss. Calla y concéntrate.
Llena tu pecho de aire pues dejarás de respirar cuando llegue el palio de la Caridad y se pare unos metros antes de la revirá, descansen un momento los costaleros y vuelva a sonar el llamador para una nueva levantá.
A partir de entonces...
A partir de este momento fuimos testigos milagro de la música hecha palio y movimiento cuando comenzó a sonar Madrugá y, sin necesidad de órdenes del capataz, como si las mismísimas notas entraran por dentro de sus varales, el paso comenzó a moverse lentamente, casi sin hacerlo.
Yo, por primera vez en mi vida, dejé de mirarla para observar la cara de gozo de Luis mientras el palio se deslizaba como si fuera encima de un manto invisible, girando sobre sus propios pies.
Fue la cera...
O el incienso...

- No, sé, María. No sé lo que fue.
Me diría aquella noche una y otra vez, incapaz de poner en palabras tanta belleza pausada que iluminaba la luz de la candelería, sacando brillos a aquella imagen que parecía vivir sobre las cosas, sin necesitarlas.
Sólo la música y el olor a incienso, el color de las flores o la luz de sus faroles de cola, el movimiento de diapasón de sus varales acompañado por las borlas de las caídas del palio que bailaban con el propio aire anochecido.
Fue todo eso y un tambor que nos resonara dentro mientras las flautas y los clarinetes dejaban correr la vida lentamente entre sus tubos, sin tropiezo posible, como si en verdad la Felicidad Absoluta fuera posible, más allá de uno mismo y sus avatares.
Yo le vi dos lagrimones cayéndole por las mejillas como cera derretida mientras un sólo dedo le tocaba el pecho y comprendía..., comprendía que el mundo entonces estaba quieto para que sólo el alma de muchos de los que estábamos allí se transformaba en alas  de ángeles que llenaban la plaza desde los cielos de la muralla islámica, moviéndolas despacio para no descomponer las mariposas de luz de su candelería.
- Es algo...
- Es, simplemente, Luis - le dije yo. comprendiendo lo que él no tenía (por primera vez en su vida) palabras para expresar.
Una fuerza poderosa hecha de terciopelo blando.
La luz perdida que huele a algodones húmedos.
Todo un movimiento condensado y hecho música mientras la Virgen giraba como si no lo hiciera, majestuosa en su pura ternura.

Fue algo que nos hizo tocar lo imposible, más allá de los cielos y los árboles, que a Luis le debió recordar al Mesías y al gregoriano, encontrando un sitio en su pecho que jamás perdió desde entonces y hasta...
Yo siempre pienso en aquel día cuando le quiero recordar sin llorar demasiado.

María







martes, 2 de abril de 2019

GUIDO RENI. LA MATANZA DE LOS INOCENTES


Ya hemos hablado aquí de la figura de Guido Reni.
Veamos hoy una de sus obras más magníficas en donde (siguiendo la guía de Argan) nos muestra las grandezas de esta corriente clasicista inaugurada por los Carracci y llevada a su perfección por el propio Reni o su discípulo Guercino.
En un principio, el tema parecería más propio de la corriente naturalista de Caravaggio, y en el fondo algo de él existe aún en él, con Reni recién regresado a Bolonia de su estancia romana.
Según Argan la herencia realista se observa en la representación del hecho histórico como un acontecimiento sin desarrollo en el espacio y el tiempo, eliminando el paisaje en favor de unas arquitecturas que cierran la escena por la derecha, conduciéndonos de nuevo hacia la parte izquierda (que como veremos es el momento final de toda la narración)

























Por otra parte, la teoría clásica de Aristóteles sobre las emociones (en especial piedad y terror) es llevado a un límite casi extremo a través de los rostros y la gestualidad corporal.

























Sin embargo, Reni se para aquí, y reconduce la escena a través de una luz limpia y clara (puro Rafael en su momento más clásico) y una rigurosa estructura geométrica que recoge y estabiliza las actitudes de los personajes, contrapesando los movimientos para situarlos en la zona central, que se abre hacia el punto de fuga (algo que ya había realizado Rafael en la parte baja de su Transfiguración)

























En la zona superior, la descompensación de las arquitecturas de cierre (mucho más potentes la de la derecha, como ya decíamos) que nos conducen hacia la izquierda, en donde dos ángeles portan las palmas del martirio

Es, en palabras de Argan una edificante catarsis (...) que hace pasar de la cruda realidad del hecho a la espiritualidad (...) creando un alto sentido religioso y moral de una escena brutalmente trágica de la masacre

lunes, 1 de abril de 2019

DALÍ, LA ESTACIÓN DE PERPIGNAN






La estación de Perpignan siempre estuvo íntimamente unida a la vida de Dalí. A través suyo enviaba los grandes cuadros hacia EE UU. Fue precisamente a ella donde llegó, en 1929, Gala acompañada de su todavía marido Paul Eluard, al que pronto abandonaría en favor de Dalí.
No es extraño que Dalí dijera de ella: “ la estación de Perpigan es el centro del universo “.

En el cuadro, encuadrado en su periodo místico nuclear, Dalí retoma temas antiguos, como el famoso Angelus de Millet, obra a la que había dedicado varios estudios, suponiendo que en ella existía un terrible misterio: los campesinos no rezaban a Dios, sino a su hijo enterrado entre ellos, fruto indeseado de la sexualidad (siempre tan problemática para el autor). La mujer, por lo demás, tiene la quietud de una mantis antes de su ataque (primero sexual y, posteriormente, mortal), una idea sumamente cara a los surrealistas que deriva desde el universo simbolista (Munch, la mujer vampiro) y se extiende por las obras del momento (ver las bañistas de Picasso)

Esa visión del sexo como algo terrible vuelve a aparecer en figuras borrosas junto a los campesinos que unen sexo y trabajo.
La parte central la ocupa, en su zona superior, un vagón de tren y sobre él la imagen de un crucificado (sin cruz) que nos habla de los intereses espirituales de este periodo, mientras que en la parte inferior, de espaldas, Gala observa la aparición milagrosa del lienzo

Típico también de este periodo es el juego lumínico (que crea una cruz de Malta) y la sensación de ingravidez que remiten a sus obsesiones por el mundo científico de lo atómico.
En realidad se trata, en palabras del propio autor, de la representación del centro del mundo en donde convergen todas las cosas y remite, también, a la resurrección (en el fondo de la imagen, como una forma semi-invisible, terminamos por ver la imagen de un crucificado, probablemente un homenaje al cuadro que realizara Velázquez)


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