miércoles, 16 de mayo de 2012

DOS REFORMAS URBANAS EN SEGOVIA. CARA Y CRUZ


Los años 90 y la primera década del XXI resultaron decisivos para cambiar la imagen de la ciudad. Varios factores intervinieron en ello
  1. Un abundante caudal financiero proviniente de los fondos europeos (URBAN, FEDER...) y de la solvencia de los ayuntamientos gracias a la burbuja inmobiliaria que permitía ingresos extraordinarios gracias a las recalificaciones.
  2. El desarrollo espectacular del turismo cultural como fenómeno global, una gallina de los huevos de oro que había que explotar por los ingresos que derivaba.
  3. Una sensación generalizada de euforia  que empujaba a los políticos a grandes planes de reforma que se sucedían uno tras otro.

Bajo estos condicionantes, las ciudades emprendieron una carrera desaforada por colocarse en el mapa global, creando iconos (aquí ya hemos analizado algunos, como la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, El Espacio Niemeyer o el Centollón en Asturias).
Los que no lo necesitaban, como Segovia que ya tenía su acueducto como imagen pregnante, tampoco se quedaron atrás, e iniciaron numerosas reformas urbanas de los entornos monumentales.
Os quiero presentar dos de ellos en Segovia para analizar brevemente, lo que a mi juicio es un error y un acierto.
El primero de ellos se sitúa en las inmediaciones del Acueducto: una larga obra que tuvo sus luces, especialmente la peatonalización de Fernández Ladreda y creación de aparcamientos, lo que permitió ganar para el turismo (pero también para los ciudadanos) un agradable lugar de paseo a la vez que se protegía de contaminantes el acueducto y se reservaba el centro histórico del tráfico exterior.
Se convertía así en puerta de la ciudad que, a mi juicio, se ha desvirtuado por completo por la mala elección del mobiliario urbano. Basándose en el modelo Barcelona que popularizó en los 90 las famosas plazas duras de diseño posindustrial, altamente minimal y que desentona por completo con el contexto.
Mal casan piedra dorada y aluminio, la lenta erosión de los siglos sobre los sillares con las formas brillantes y geométricas de ascensores y farolas, como puede comprobarse en las fotos.





















































Frente a este pequeño horror también me gustaría presentar una reforma sumamente elegante, casi invisible, como la que se ha realizado en el Barrio de San Lorenzo, un antiguo arrabal que ya analizamos aquí
























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