jueves, 17 de mayo de 2012

EL MONASTERIO DE LEYRE (PRIMERA PARTE) LA CRIPTA





Leyre ha sido siempre una espinita clavada que tenía desde hace muchos años, una espinita renovada un poco más desde que hace unos meses JV le dedicara un post en su blog (con magníficas fotos, por cierto).

Por eso, ahora que acabo de visitarla, quiero dedicarle un par de post en donde siquiera atisbar la belleza y vértigo de historia que produce su contemplación.
El primero, lógicamente, se le debe a su cripta.



Esta zona es la más antigua del monasterio y resulta, en el aspecto artístico, verdaderamente esencial para comprender el románico, pues en ella podemos encontrar el punto de ruptura entre el primer románico (lombardo) que había triunfado desde casi medio siglo antes en Cataluña, y el románico pleno (cluniacense) que marcará la mayoría de edad del estilo.

Vamos a fijarnos en ella.




Desde el exterior observaremos la ya típica cabecera tripartita, aunque a poco que observemos, encontraremos algunas características que nos hablan de su arcaísmo (o de su nueva genialidad, pues todo se está inventando allí). Los muros se nos muestran abombados y la sillería (que sustituye al sillarejo del lombardo) aún se nos muestra un tanto irregular.
De la misma manera, la torre sobre su crucero aún adopta ciertas características lombardas.


Pero lo mejor está por llegar. Entremos en la cripta (que verdaderamente no es subterránea, sino un primer piso, el que marcan las primeras ventanas)

El espacio es sorprendente: cinco naves paralelas que se culminan en ábsides. Cinco, que no las tres, que se superponen en la iglesia superior, pues aquí se encuentra una de sus primeras particularidades. En el plano se puede observar bien.



La nave central en realidad es doble, como podemos ver en su encuentro con el ábside. ¿Por qué? Por una simple cuestión de pesos. Sin los apoyos centrales, la gran nave superior no habría aguantado.

Esto le obliga a crear unos curiosos arcos que solucionen el contacto entre naves centrales y ábsides.




Pero esto no acaba aquí, ¿os habéis fijado en los arcos? Le faltan las claves (la piedra central del arco, colocada en su mismo centro, que consigue neutralizar las tensiones). Si os fijáis en las fotos veréis que esta técnica (tan habitual en el arte romano) se había perdido por completo, haciendo aún más compleja la sustentación de todo el conjunto, sumamente estática, que opone masa contra masa.





Y un detalle más, capiteles y fustes. Unos fustes tan pequeños que parecen más una basa alta que un fuste; unos capiteles tan esquemáticos que (sin haber evidencias) más parecen inspirados en la iglesia prerrománica que debió existir anteriormente (y que San Eulogio ya en el siglo IX visitó)





No debemos olvidar que en esta cripta se cruzaron dos ideas básicas del románico: la presencia de reliquias afamadas (las santas Nunilo y Alodia, martirizadas en el siglo IX) y los cuerpos del obispo Marcial, los santos Emeterio y Celedonio o San Virila, aquel santo que probó el principio de la relatividad diez siglos antes de Einstein, cuando se quedó durante más de cien años observando el canto de un pájaro, creyéndolo sólo un instante.

Por otra parte esta cripta será el primer panteón real de los reyes navarros, con Sancho el el mayor peregrinando a él para agradecer su victoria en Funes, curó milagrosamente a García el de Nájera o recibió fuertes donaciones de Sancho de Peñalén.

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