
En el segundo tercio del siglo XIX los reyes portugueses decidieron construir una residencia palaciega bajo la influencia del romanticismo alemán ( castillos de Stolzenfels y Rheinstein, a orillas del río Rin, y en el palacio de Babelsberg en Postdam) .
En torno suyo crearon unos magníficos jardines en las faldas de la montaña que se convirtieron en una de las mejores muestras de jardin romántico.
Su estructura niega la recta y la simetría, creando un amplio conjunto de múltiples rincones que buscan la sorpresa a través de senderos serpenteantes
Las plantaciones usan fundamentalmente los grandes árboles (muchos de ellos exóticos que recuerdan al imperio portugués) creando ambientes boscosos entre los que se esconden norias y pabellones que constantemente generan relaciones con los mundos medievales y orientales en la típica relación idealizada con la historia, mucho más ideológica que real.
Estos lugares, además de puntuar y resignificar el paisaje, se convierten en pequeños refugios desde los que contemplar el paisaje visto desde un punto de vista pintoresco.
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Los distintos arroyos se recogen en el valle para crear uno de los momentos más memorables del parque, un bosque de helechos gigantes aclimatados en la zona umbría que se cierra por grandes tuias.
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Los distintos arroyos se recogen en el valle para crear uno de los momentos más memorables del parque, un bosque de helechos gigantes aclimatados en la zona umbría que se cierra por grandes tuias.
En una zona más baja todas las aguas se remansan en pequeños lagos irregulares de rocalla en donde las casas de los patos se han convertido en castillos
Por el contrario, según ascendemos el paisaje pasa del pintoresquismo a lo sublime, con grandes coníferas y una naturaleza cada vez más agreste y menos modificada.



























