miércoles, 10 de junio de 2020

ÁNIMA Alemana. Lucas. Año 1988.

DALE AL PLAY Y OLVIDA QUE ERES HOMBRE




Quizás pueda parecer pedante, pero fue totalmente cierto: nuestra primera juventud fue de ánima alemana, y ella estuvieron primero Herman Hesse y Beethoven y más tarde Nietzsche y Richard Strauss, y nosotros quisimos ser, alternativamente, lobos estepario o superhombres, seres de voluntad sin límites y puro espíritu, incomprendidos por una sociedad trivial, capitalista y puramente televisiva (quién nos iba a decir lo capaces que son los tiempos de empeorar)
Supongo que no todo esto no es nada nuevo, y aún hoy hay chicos de 18 que andan todavía fascinados por todo ese idealismo espiritual de seres indómitos que buscan el mundo total y miran por encima del hombro a los puros materialistas.

Nosotros, durante nuestros infinitos paseos nocturnos de los sábados, hablábamos de todo eso, de la voluntad de poder como una forma de conquistar el absoluto, y en un lugar recóndito pero cierto de nuestro interior nos gustaba sentirnos elegidos del destino; una especie de ecce homos laicos, héroes sufrientes y verdaderos que sobrevolábamos sobre las miserables cosas del mundo sin apenas rozarlas.
Bien sabíamos (nos gustaba pensar que lo hacíamos) que para conseguir aquellos altos lugares (nos imaginábamos como viajeros sobre un mar de nubes) era necesario el sufrimiento, y lo aceptábamos con orgullo pues
¡Qué estupidez!, dirán algunos.
Lo mismo que pensaban muchos de nuestra pandilla sobre nosotros.
-¡Qué aburridos!
Nos decían a Solsona y a mí, pues a Luis siempre le dejaban fuera pese a ser el más intenso de los tres.

Posiblemente porque él, igual que hacía con la música, era el único capaz de pasar del cielo al suelo sin el menor esfuerzo, y emocionarse con George Michel de la misma manera que lo podía hacer con Mahler o Queen.
-De la épica a la lírica con parada intermedia en el pop - solía decir mascando las palabras como si hubiera planteado el último nudo gordiano (así de intenso podía volverse) para a continuación decir a grito pelado -. ¡Yo me tomaría otro ron con cola!
Puras paradojas que no eran más que simple corazas de su enorme timidez que intentaba espantar a fuerza de palabras.
Con ellas creaba una tela de araña de atrapar los fantasmas que siempre le persiguieron, como su ansia de un amor infinito que fuera más allá de la simple amistad o el más puro sexo que fuera eso pero también poesía, y risas, y profundas conversaciones de pronto interrumpidas por el deseo que, tras consumarse, dejara paso al silencio o la cháchara sin sustancia o todo a la vez, como si su mundo fueran múltiples lugares incompatibles entre sí.
Ay, si hubiéramos sabido entonces cuántica, o al menos a Pessoa (o en su ausencia, Tabucchi). Quizás no le habríamos envidiado tanto su confederación de almas que unas veces le hacía ser nosotros y otras el mundo de afuera, la misma que le terminaría haciendo famoso con su programa de radio nocturna en el que que podía pasar de la liviandad del pop más adolescente a la densidad de Bach o de una soleá pues

-Ser como una canción, decía.
Vivir en ella para ser feliz, como cuando se retiraba de todo y todos y andaba por la ciudad desierta de agosto durante horas con los cascos puestos.

Acaso entonces si que se convertía en un superhombre bajo los compases de la ELO

Un lobo estepario andando bajo la lluvia mientras escuchaba los cuchillos de Barbara Streisand.

Demian jugando al futbolín o Zaratrusta bajo la escuela de carácter del pinpong, o las Montañas Mágicas de la ocuridad del alma.




martes, 9 de junio de 2020

VAN DER WEYDEN. EL RETABLO DE SAN JUAN BAUTISTA




















Tríptico (aunque sin posibilidad de movimiento de sus alas, firmemente soldadas) que representan tres escenas de la vida de San Juan Bautista
En la primera de ellas se nos muestra su nacimiento. En el fondo Santa Isabel permanece en la cama tras el parto mientras que en primer plano, la Virgen ofrece el hijo a Zacarías, aún mudo por su escepticismo
En el central encontramos el Bautismo del Cristo.
En el derecho se narra la decapitación, con una escena lejana en donde podemos intuir el baile de Salomé.
Las tres escenas se encuadran en tres portales de una supuesta catedral, trampantojo habitual en el mundo flamenco que usa espacios reales y humanos como escenarios de lo sobrenatural (Virgen del Canciller Rolin o Virgen en la catedral, ambos de van Eyck), acercando de esta manera la experiencia al fiel (una fórmula cercana a la Devotio Moderna).
Se trata de un encargo de un mercader pisano, Battista Agnelli, acaso conocido por el pintor en su viaje a Italia (se fecha en torno a la mitad del siglo XV), recibiendo influencias de las obras de Andrea Pisano.

De una forma habitual se vincula con el tríptico de Miraflores, e incluso se ha pensado en que se encontrara enfrentado a él.
Llama la atención el tratamiento del espacio, con interiores en los laterales y una larga y azulada perspectiva en el central

Para saber más de Van der Weyden

lunes, 8 de junio de 2020

NECRÓPOLIS FENICIA DE VILLARICOS


Cuando Siret comenzó a explorar la zona encontró (finales del XIX) más de cincuenta hipogeos. Algunos los terminó destruyendo él para la creación de minas, otros colapsaron con el tiempo, algunos volvieron a cubrirse.

En la actualidad existen cinco en buen estado, colocados en una de las laderas de la montaña.


 Costa de un largo corredor descubierto (en ocasiones con escaleras) que lleva a una puerta de entrada.
Esta se cubría con una laja de piedra sobre marco de madera que podría tener restos de petroglifos.

Su ocupación fue muy larga, iniciada en torno al siglo VI por las élites primero fenicias y más tarde romanas.
En tiempos fenicios debieron estar pintada su zona baja con englobe rojo, con una tarima tallada en la propia roca.



Junto a los sarcófagos se encontraban estelas, ungüentarios y costosos huevos de avestruz con decoración geométrica (simbolizarían la resurrección)



jueves, 4 de junio de 2020

IMMENDORFF. ¿DÓNDE TE SITÚAS TÚ CON TU ARTE, COMPAÑERO?





















Los inicios de la pintura de Immendorff son profundamente políticos  (de hecho fue expulsado de la academia en donde enseñaba por actividades subversivas).
Afiliado al partido comunista (sección maoísta), buscaba un arte político (aunque desvinculado de la Unión Soviética, que mantenía dividida Alemania), practica un arte aprendido de su maestro Beuys en su vertiente más politizada (y sin sus interacciones espiritualistas).


















Podemos hablar de un arte de denuncia, tanto de la situación política mundial como de la propia práctica de la pintura.

Esto es especialmente evidente en esta obra en donde plantea la dicotomía ante el pintor encerrado en su estudio y el que se une a las movilizaciones sociales.
Son en estos cuadros en donde la escritura, como forma de extensión de las consignas toman un papel preponderante que luego disminuirá aunque sin desaparecer del todo.

IMMENDORFF. ÍNDICES

miércoles, 3 de junio de 2020

Aquellas Praderas Azules. En los coches de choque


DALE AL PLAY Y MONTA EN LOS COCHES DE Choque



escuchando los Chichos o los Chunguitos, pues aún no existía Camela.

¿Quién no se sintió el rey del mundo en ellos?

En las ferias de los pueblos más importantes siempre los había, aunque el nuestro no lo era y había que esperar a las fiestas del Real o las de Ontera para acercarse a ellos, mejor muy pronto, casi cuando abrían y no había nadie pues existía una ¿leyenda urbana? que decía que los minutos que duraba cada pase estaban en relación inversamente proporcional (hasta aquí llegaban entonces mis conocimientos matemáticos) al número de coches en funcionamiento.
Quién sabe. Lo cierto es que, entonces, también, era el momento para fijarse en los mejores coches, aquellos cuyos troles no se salían nunca, aquellos que reunían el volante más suave y el pedal del acelerador sin enganches ni bloqueos.
Cuando al fin lo encontrabas solo necesitabas recuperar la fineza perdida después de todo un invierno sin montar en ellos y volver a encontrar el punto para que, girando mucho el volante, el coche andará hacia atrás, algo fundamental para salir de atascos y atacar de forma imparable a los mismos que un minuto antes te perseguían.
Era algo maravilloso que a mí me enseñó mi padre que hacía salir hacia atrás el coche que poco a poco tomaba impulso y se movía a la contra del resto mientras tú mantuvieras la concentración pues, al andar de espaldas, había que mover el volante en la dirección contraria que se deseaba, lo cual era complejo, sobre todo si a tu lado llevabas pasajera a la que impresionar y había que pasar el brazo por detrás de su espalda para tu poder girar lo suficiente para ver el camino y...
Cuidado!- gritaba ella y, aunque no llegase a abrazarte, su acercaba un poco más en ese minúsculo habitáculo en donde tu nariz andaba envuelta en el torrente de lavanda de su cuello palpitante, azotado por su melena que se enrolla a sobre si misma cuando decidías que ya era hora de volver a la marcha hacia delante y girabas el volante como una trenza dorada, tan larga que pasaba de la espalda hacia delante y se posaba contra los pechos, tan ... ¡Dios Santo! La vida sólo te daba para mirar de reojo mientras te azorabas por completo y el (tu) mundo daba vueltas aunque en realidad sólo ocurría que te habías quedado paradoo en medio de la pista como un objetivo preferente, y solo un instante antes de que todo ocurriera te dabas cuenta de que el coche de César y Bea avanzaba como un bólido hacia tu costado que...
¡Gira el volante, deprisa!, escuchabas decir a tu padre en tu interior, pues lo peor es dejar el costado sin protección, perfecto para un choque perpendicular (noventa grados son peor que 45, te decías utilizando la escasa matemática y física que sabías).
¡Gira el volante!, hazlo un instante antes del choque mientras suenan los Chichos o los Chunguitos, y ese suave giro desbarata casi por completo la embestida de César, que estaba ya medio de pie para darle el último empujón al coche que solo roza por la parte trasera mientras ella, asustada, te aprieta el muslo y tiene una risa nerviosa que traspasa al gran peluche que le conseguiste tirando con la escopeta de perdigones aunque estuviera trucada, con la mira desplazada casi un dedo a la izquierda de la realidad que tu compensaste con un centrímetro a la derecha del palillo en el segundo tiro que se llevó el mondadientes con una fineza absoluta que te dio derecho a elegir.
- ¿Quieres una chochona?- No

- ¿Y el perrito piloto?
- Tampoco.
Pues sólo tuviste que seguir el camino verde de su mirada de aguas calmadas para encontrarte con
- Ese tigre es el que quiero.
- Son tres palillos
- Pues dame nuevos balines,

y con el cuarto ya estaba todo conseguido y el tigre en tus manos, con sus ojos de cristal verde haciendo pareja con los tuyos y el mundo olía a nuevo, como si estuviera recién estrenado mientras la cogías (una vez más) suavemente por la cintura y ella apoyaba su cabeza en tu hombro tras besarte suavemente para vuestra futura desgracia y todo acabase de repente,...
Sí, igual que se acababa la sesión de los coches con aquel pitido hiriente y el coche dejaba de acelerar y tú lo ibas acercando suavemente al lateral pues ya no quedaban más fichas en aquel juego del primer amor que (aún no lo sabías) se estaba terminando con todas sus millones de estrellas que servían, como fondo, a  los besos más bellos que nunca volverías a dar de aquella impar manera.
Todo eso acababa, igual que el verano, y aquella noche habría tormenta, también en el cielo, y mañana por la tarde te atravesarían los rayos con tal fuerza que te quitarían el aliento durante semanas y tu llorarías en el hombro de Solsona con la vida parada en un punto imposible al que sólo tenía acceso Mozart y, más tarde, los gritos de The Police



martes, 2 de junio de 2020

CUANDO ZURBARÁN QUISO SER MURILLO


En los últimos años de su vida, Zurbarán quiso ser (sin conseguirlo) Murillo.
Abandonó su tradicional claroscuro y su paleta blanca y parda para buscar una luz más difusa. Buscó una pincelada mucho más suelta, buscó unos tipos más idealizados y unas maneras más suaves, rompiendo con su fuerte misticismo e intensidad (estética pero también ética)

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Lo infantil aparece por primera vez, y con él una sensibilidad más delicada, la que empezaba a mostrar la sociedad sevillana de la segunda mitad del siglo, tras las terribles pestes, inundaciones y escaseces que habían diezmado Sevilla y la estaban colocando cada vez más cerca, en el final de su etapa dorada. (En este post lo analizamos)

Esta nueva sensibilidad es la que supo captar Murillo con sus Inmaculadas y sus Niños y le catapultó hacia el éxito popular, precisamente el que estaba perdiendo cada vez más rápido Zurbarán, cuyo estilo ya era de otra época, demasiado sencillo pero también excesivamente duro para las nuevas mentalidades de sus principales comitentes (los conventos) que cada vez más prefieren a Murillo o a Alonso Cano.
Por eso el cambio que (lamentablemente) no convenció a nadie, ni siquiera (creo) al propio pintor





lunes, 1 de junio de 2020

RETRATO DE CARACALLA


Pocas obras con tal intensidad produjo la civilización clásica como este busto del enperador Caracalla en donde se unen una técnica prodigiosa con un profundo retrato psicológico.
Todo su carácter duro y sanguinario se encuentra reflejado en en esa mirada potenciada por el claroscuro de unas cejas prominentes (al modo de lo que hacía Scopas), el ceño fruncido y la torsión forzada de su cuello (que imitaba a los retratos de Alejandro, del que se creía sucesor).
A todo esto se añade una técnica depuradísima, tanto en el trepanado del pelo como en la barba rala que aparece en sus mejillas


                          FOTOGALERÍA DE ESCULTURA ROMANA