sábado, 3 de noviembre de 2018

ÁNIMA MUNDI, LUIS. FUTUROS De La feliz ABBA a las miserias de Blade Runner

Durante muchos años quise resistirme; no estaba bien visto, pero al final me tuve que rendir y aún aún sigo sintiéndolo.
Tras el primer fastidio, escuchar cualquier canción de Abba es tener durante tres minutos, exquisitamente producidos hasta el más mínimo sonido, la sensación de un futuro perfecto y feliz en donde el amor tuviera timbres brillantes de pianos y cuerdas.
Un futuro absoluto y lleno, tan avasallador como lleno de ternura.
Un eternidad laica, desprovista de incertidumbres, feliz por ella misma.
Un mañana de fresas, melocotones y sábanas frescas, sin los tormentos del amor ni la pérdida.
La posibilidad cierta de una brisa suave, como un Mediterráneo adolescente o una pradera de hierba en la primavera eterna, aunque solo durara un instante.

Evidentemente, tras la alegría siempre se descubre una nota de tristeza, de nostalgia anticipada, la suficiente para que el placer sea más intenso, pues se sabe que muy pronto lo podremos perder, Acaso es simplemente un segundo plano de cuerdas o las voces solistas que en alguna nota pierden momentáneamente su brillo, como si supieran de la propia tragedia personal en la que desembocarían los dos matrimonios que componían el grupo.
Pero sólo es un instante que pasa desapercibido si no se tiene el oído atento, una trampa que sólo el corazón escuchará mientras el cuerpo baila con despreocupación una música disco teñida de voces y espíritu blancos que convierte en sensualidad lo que era pura sexualidad en los herederos del funky (el frío sueco frente a los trópicos corporales)
Pues escuchamos el ritmo pero envuelto en una orquestación infinita, medida hasta el milímetro en el estudio de grabación. Un muro de sonido, heredado de Phil Spector, de sintetizadores, contados metales, voces y coros que hinchan suavemente la canción como un globo sin peso, lleno de matices que, sin ser excelsos, todo lo tiñe de colores, de alegría infantil, impidiéndonos pensar.
Haced la prueba y algo semejante os sucederá con Xanadu de Olivia Newton John en donde la ELO creó un lugar atestado de sonidos que nos permitieran intuir que las utopías, acaso, podrían llegar a ser ciertas.
Luces azuladas y  un velo de brisa pegado en los brazos, como si la mejor noche de tu vida, el instante precioso de aquella noche, pudiera ser eterno. Un golpe de agua de colonia que destapa todos los recuerdos como un cohete en nuestro pecho.

Pero se acabó. ¡Dejad de soñar ya!
Es tiempo de volver a la tierra y sus pesares.
Dejad de sobrevolar el mundo.
Es hora de partir.
Probad la cicuta de Vangelis y 

EL MUNDO SE OS ENSOMBRECERÁ





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