miércoles, 22 de mayo de 2019

AQUELLAS Praderas Azules. EL VERANO EN EL QUE FUIMOS ROXETTE, MARTINA

DALE AL PLAY DEL VERANO EN EL QUE NOS POSEYÓ ROXETTE



Aquel verano del 89 fue el de Roxette, o el de Martina, da lo mismo, pues ambas fueron lo mismo en aquel verano en donde volví a creer en el amor de una forma entera, y de la misma manera que Roxette era (misteriosamente, pero por completo cierto) Eurythmics hecho rock, Martina fue una nueva Sabrina con la que todas las piezas volvieron a encajar 

Apenas fueron tres semanas de guitarras eléctricas como sonrisas con una pequeña brizna de tristeza que lo llenaba todo de paz y dulces, y como escribí en un extraño diario que luego se perdió en algún sitio en mi habitación: aquellos veinte días fueron lo que debería ser una vida en pareja, pues igual que Roxette, con Martina el sexo fue potentes guitarras en medio de la melodía de sus palabras que invitaban a la confidencia, y la ternura subrayada por los gemidos que tenían ritmo de bolero, con conversaciones insomnes que llegaban a confundirse con la amanecida en donde comprendí cosas sobre el mundo que apenas  había intentado siquiera pensar.

La misma noche en la que nos conocimos en aquel pub de Alonso Martínez sonaba Roxette, y siguió sonando en casa de su prima que salía desde hace meses con uno de mis amigos. 

Los padres estaban de vacaciones en la playa y nosotros nos besamos por primera vez y terminamos durmiendo juntos, como si fuéramos los protagonistas de una de aquellas terribles películas de adolescentes tardíos que nos fueron creando el imaginario de lo que debía ser el amor que 

Pero no. No.
 Tú, como siempre, rompiste todos los esquemas y

- Mira, esta es nuestra habitación - dijiste sin forzar una sola palabra, y a mi, aquella nuestra me dejó un poso de dulzura en la boca que ya me acompañaría los siguientes 20 días con sus noches en donde me enseñaste que había mil formas diferentes de quererse a las que yo había conocido, desde las lágrimas de miel a los gritos un segundo antes de perder el sentido y tener que abrazarnos con ansia de náufragos para no desaparecer de tanto placer que nos crecía dentro. 
- ¿No ves el mundo lleno de mariposas, Luis? - me decías entonces. 
- ¿Amarillas? 
Y azules, igual que esta canción de Roxette que escuchamos tantas veces juntos que terminó por tomar la forma de tu pelo amanecido sobre la almohada de aquella casa luminosa por tus manos blancas que se volvían palomas sobre mi mejillas cuando me mirabas con tal intensidad que yo me sentía húmedo de rocío en aquellos amaneceres que nos descubrían despiertos recitando versos de Neruda mientras nos íbamos acercando lentamente hacia el abismo al que nos lanzábamos aunque los cuerpos ya casi no pudieran, pues la canción nos habitara una vez más, y luego me hablaras de política, 
y de las canciones de Silvio Rodríguez, 
Me describías con palabras de almendras la casa de la Isla Negra del poeta en Valparaíso 
- Que está tan llena de versos que apenas si caben dentro. Te lo aseguro, Luis.
Un lugar maravillado que ni siquiera el propio Pinochet pudo destruir, pues los recuerdos sacan su fuerza de su propia inexistencia, y cuanto menos cuerpo tienen más poderosos se vuelven, igual que aquel verano de Roxette que nos hizo un refugio con sus guitarras como si fueran ramas descubiertas en la playa desierta de un agosto en pleno Madrid, con las calles abandonadas durante todo el día que sólo comenzaban a animarse tras el atardecer, cuando salíamos los cuatro a las terrazas del barrio y yo no podía dejar de mirarte, como si de pronto volviera a tener 16 años, mientras tú bailas sus canciones, Divina, bajo la sombre nocturna de los pinos y, de repente, con tu suavidad de las cosas sencillas, te girabas y me buscabas con tu mirada de avellanas.
¿Dónde estás que no te encuentro?
- A tu lado, siempre a tu lado, Martina aunque
ya no volviera a verte nunca más y, en la distancia, te fueras convirtiendo lentamente en un poema propio que aún hoy sigo teniendo en mi lista de reproducciones más íntima, aquella que es imborrable y son mis Praderas Azules que de vez en cuando escribo cuando necesito saber que sigo vivo.




- Siempre a tu lado, Martina aunque
una sola cosa no puedo perdonaros, ni a ti ni a Roxette, que no volvieras a estar aquí el verano siguiente, cuando nuestro dúo nos escribió una canción exclusivamente para nosotros.



Pero por dentro y por fuera

me he convertido en agua como una lágrima en tu mano,

y es con un duro día de invierno con lo que sueño.


Debe haber sido amor, pero ahora ha terminado,
debe haber sido bueno, pero de alguna manera lo perdí,
debe haber sido amor, pero ahora ha terminado,
está en el lugar donde el agua fluye,
está en el lugar donde sopla el viento.




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